sábado, 10 de diciembre de 2011
Se que veré la gloria de Dios
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testimonio
viernes, 9 de diciembre de 2011
¿Realmente Conoces a María?
Los que han sido criados en el seno del catolicismo romano piensan que es el día de la Virgen Maria, pero desde la antiguedad, el 8 de diciembre es un día sagrado de la diosa griega Astraea, diosa de justicia en la mitología griega. Y esto nos conduce a la pregunta para nuestros queridos lectores: Amigo,
¿Realmente Conoces a María?
Sí, a María, la del Santo Rosario, mejor dicho, la madre de Jesucristo. ¿La conoces? ¿Realmente sabes quién es? Probablemente piensas que sí, porque te han hablado de ella desde siempre, pero vamos a ver, porque vamos a examinar el asunto a la luz de la Sagrada Biblia, la única Palabra de Dios. El Señor Jesucristo dijo que Juan el bautista era el más grande de los profetas. Sin embargo, cuando a Juan le preguntaron: "¿Tú quien eres?", él se negó a tomar títulos y honores, y dijo así: "Yo no soy el Cristo... no soy...no" (S. Juan 1:20-21). ¡Se hizo cada vez más pequeño, el profeta menguante! Y cuando insistieron con: "¿Qué dices de ti mismo?" él dijo: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto..." (S. Juan 1:23).Se le dice, en el Rosario: "SANTA MARIA, RUEGA POR NOSOTROS..."![]()
Algo así ocurre con María. Cierto es que ella fue sumamente bendecida por Dios para concebir a Jesús, y el ángel le llamó: "muy favorecida" (S. Lucas 1:28). Ningún verdadero creyente en el Señor Jesucristo niega esto, puesto que es lo que la Biblia, la única Palabra de Dios, dice. Pero amigo, de ahí, de lo escrito en la Biblia a los títulos que sus seguidores celosos le ponen en la letanía de la Iglesia Católica Romana, hay una gran distancia. Y como en el caso de Juan el bautista, si a María le dejamos hablar, ella nos dirá quién es. Ella dice: "He aquí la sierva del Señor" (S. Lucas 1:38). María es una mujer santa; no es embustera. Ella sabía quien era, y nosotros lo sabemos de su propia boca.
Juan el bautista, el mayor de los profetas, afirmó lo siguiente acerca de Jesucristo: "es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (S. Juan 3:30). Así también fue con María. En S. Juan 2:5 ella se retira, diciendo a los siervos, y a todos los que quieran escucharle, lo siguiente acerca de su Hijo: "Haced todo lo que os dijere".Si los supuestos devotos de María le hicieran caso, de aquí en adelante serían devotos de su bendito Hijo, el Señor Jesucristo, y no de ella. La clave para la vida eterna y la gracia de Dios está en el Señor Jesucristo, no en María. Porque, ¿qué dice el Hijo? Dice: "para que todos honren al Hijo como honran al Padre". No incluye a María en lo divino o celestial. Y cuando el Señor Jesucristo habla del cielo, Él dice: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí". No dijo: "A Jesús por María" sino "A Dios Padre por Jesús". Él, no ella, es el camino. No te desvíes. ¿Quién es María? El ángel dice: "Muy favorecida". Ella dice: "la sierva del Señor". El Señor Jesucristo dice: "Mujer" (S. Juan 2:4). Los apóstoles le conocían como "María la madre de Jesús" (Hechos 1:14).
Para los verdaderos creyentes y seguidores del Señor Jesucristo, allí hay cuatro testimonios bíblicos: el de un ángel, el de ella misma, el del Señor Jesucristo y el de los apóstoles. Sin embargo, hay los que insisten en exaltar a una mujer piadosa y humilde y hacer de ella lo que ni un ángel, ni ella misma, ni el Señor, ni los apóstoles hicieron: una diosa. Reconozco que a los devotos de María les puede doler esto, y no lo digo con ánimo de ofender a nadie. Pero, con todo amor y firmeza en Cristo, y prefiriendo a Dios antes que a los hombres, hay que enderezar lo torcido. El culto rendido a María carece de apoyo bíblico. No hay ni siquiera un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento de ninguna clase de culto o lugar especial cedido a ella. ¿Aún te atreves a seguir haciéndolo sabiendo que Dios no lo enseña ni lo aprueba, ni hay ejemplo en la Biblia de lo que haces? Entramos aquí en el tema de la honradez, porque francamente, seguir así en tus trece no es una virtud en este caso. Si afirmas como verdadero algo que Dios no aprueba, esto no es honesto ni fiel a Dios, antes al contrario, es pecado, pues en este caso no es otra cosa que idolatría. Y amigo, debes saber que la María que el Catolicismo Romano ha fabricado y el culto que ha fomentado y permite que se le rinda no es nada bíblico. Esta "María", es otra "mujer" disfrazada como María para que los hombres le rindan culto.
Ahora bien, si eres honesto, tendrás que admitir que nadie en el cielo o en la Iglesia en el Nuevo Testamento le llama la madre de Dios, porque Dios no tiene madre, sino que Él es eterno. Es la madre de Jesús, de la encarnación, la expresión humana de Dios, pero no de Dios. Ella es bendita, por supuesto, pero no es madre de la Iglesia (al menos de la verdadera), porque la Iglesia es una creación de Dios por el Espíritu Santo, cómo Adán y Eva fueron hechos sin madre o padre. La Iglesia es la novia del Señor Jesucristo, y ¿cómo va a ser María la madre de Jesús y de su novia a la vez? Esto no es místico, no es un misterio sino más bien ridículo. La estimada y bienaventurada María de la Biblia no es madre de todas las gracias, porque la gracia procede eterna y exclusivamente de Dios, no de María. Ella no dispensa la gracia. La gracia tiene su fuente en Dios y en el Señor Jesucristo, y no en los seres humanos, por piadosos que sean. María tampoco es el trono de la sabiduría, porque la sabiduría viene de Dios. El Señor Jesucristo: "nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Corintios 1:30). Por lo cual, concluye el santo apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo: "El que se gloría, gloríese en el Señor" (1 Corintios 1:31). Los que rezan el rosario y rinden cualquier clase de culto a María se están gloriando en alguien que no es el Señor, ni es la María de la Palabra de Dios. Entonces, esto es un gran pecado del cual hay que arrepentirse, el pecado de blasfemar, de robar al Señor Jesús de Sus glorias, títulos y atributos por los cuales Él es digno de ser adorado, y atribuir estas cosas a otra persona sin autorización divina. La verdadera María no es reina del cielo, porque para los que conocen su Sagrada Biblia y les importa lo que dice, saben que el título: "reina del cielo", es un título idolátrico, de la mitología pagana de Babilonia (Semiramis) y Egipto (Isis, ver Jeremías 44:15-19, 25). Y según el versículo 15, muchos de sus devotos eran mujeres. Este culto de devoción a mujeres invadió la profesante iglesia cristiana, cuando bajo el favor de Constantino, los paganos empezaron a borrar los nombres de sus estatuas de diosas y poner en su lugar el nombre "María". No es cristiano, ni bíblico, ni apostólico.
La verdadera María de la Biblia ya nos ha dicho quien es ella. El ángel también ha hablado. Y nuestro Señor Jesucristo ha hablado. Los mismos apóstoles han hablado. Todo esto constituye un testimonio contundente e innegable, que merece nuestro respeto y nuestra fe. Estimado lector, si a pesar de todo eso quieres seguir venerando y haciendo culto a una "María" que la Iglesia Romana promociona, entonces no eres un cristiano y no te importa la Palabra de Dios. Serás un devoto pagano de una diosa que le han puesto el nombre "María" para acaparar a devotos. Te aconsejo en el nombre de Jesucristo, que si eres honrado, no sigas ciegamente la tradición, sino que investigues en el temor de Dios, con afán de saber la verdad y agradar a Dios. Vuelve a leer la Sagrada Biblia y escudriñarla, y si no ves el culto a María en ella, entonces arrepiéntete, pide perdón a Dios y desiste de llamar a María títulos que nadie en la Biblia la llama. ¿No estarías en lo cierto si siguieras el consejo de la verdadera María y el de Juan el bautista? ¡Claro que sí! Su consejo es que honres, sigas y obedezcas al Señor Jesucristo. Así que, confía plena y únicamente en Él. Recuerda, toda la gracia de Dios está en Él. Toda la salvación de tu alma y todo el socorro que puedas necesitar en esta vida están en Él. El Señor Jesucristo es el único mediador, y Él es el único camino de Salvación.
Carlos Tomás Knott
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DOCTRINA
jueves, 8 de diciembre de 2011
El Único Refugio Seguro.
• Porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo… El enviará desde los cielos, y me salvará. – Salmo 57:1-3.
• En ti me refugio. – Salmo 143:9.
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Hay criminales que, tan pronto cometen el mal, consiguen huir de la justicia humana y es imposible encontrarlos. Pero nadie podrá librarse de la justicia de Dios. “¿Se ocultará alguno, dice el Señor, en escondrijos que yo no lo vea?” (Jeremías 23:24). David decía: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás… Aun las tinieblas no encubren de ti” (Salmo 139:7-12).
Bajo la ley de Moisés todo asesino debía pagar con su vida. No obstante, a quien por descuido había matado a una persona, Dios le ofrecía una ciudad de refugio. Allí el culpable estaba seguro, pero no debía salir hasta que el sumo sacerdote muriese (Números 35:9-28).
Incluso si no hemos asesinado a nadie, todos somos pecadores porque una u otra vez hemos hecho algo a sabiendas de que estaba mal, por ejemplo, mentir. Por ello merecemos la justa condenación de Dios, el alejamiento de él para siempre. Pero Dios nos ofrece un refugio seguro en la cruz de Cristo. Mediante su sacrificio Cristo pagó nuestra deuda sufriendo en nuestro lugar el juicio de Dios. Desde entonces, todo aquel que se reconoce pecador culpable ante Dios y cree en el sacrificio expiatorio de Jesús tiene la vida eterna. El refugio es seguro, y no hay otro.
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PAN DIARIO
martes, 6 de diciembre de 2011
enlace para ver música cristiana
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paginas web
¡No quería ser Sanado!
• Sana mi alma, porque contra ti he pecado.– Salmo 41:4.
• El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. – Isaías 53:5.
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El hombre que veía acostado bajo el sol, cerca de una de las puertas del casco antiguo de la ciudad, estaba mendigando. Cuando un turista pasaba, el hombre remangaba su pantalón con una mano y mostraba una llaga cubierta de polvo, al tiempo que tendía la otra mano con cara de tristeza. ¡Había que curar esa herida! En el hospital de en frente podría recibir todos los cuidados necesarios. Un amigo me explicó que dicho hombre estaba ahí todos los días y no quería ser curado, pues se ganaba la vida gracias a su herida.
Suponga que Jesús le dice: «Tu alma, tu espíritu y tu cuerpo necesitan ser curados, ¿Quieres ser sanado?». ¿Qué respondería usted: «No te necesito», o, «cura mi alma, porque pequé contra ti»? A menudo el hombre, después de haber oído el diagnóstico de Dios sobre su estado, a saber: la cabeza está enferma, igualmente el corazón; todo está mal, “desde la planta del pie hasta la cabeza” (Isaías 1:5-6), se enfada, se rebela, busca a quien echar la culpa, acusa a Dios: «¿Por qué existe el sufrimiento, la enfermedad y la muerte?».
Dios no responde a estas preguntas, pero envió a su Hijo para sanar al enfermo, para perdonar al culpable. Cristo llevó el castigo que merecía cada ser humano, soportó todo en su lugar: la ira, el juicio. Pagó su rescate para darle la libertad, la paz del corazón y de la conciencia. Por sus heridas “fuimos nosotros curados”.
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PAN DIARIO
domingo, 4 de diciembre de 2011
Ya no cumplirá Diez Años.
• No hay justo, ni aun uno… Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. – Romanos 3:10, 23.
• La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. – Romanos 6:23.
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Ben acababa de cumplir nueve años cuando murió de sida. Era demasiado joven para morir, y es muy injusto sufrir como sufrió él. ¿Qué había hecho para contraer esta terrible enfermedad? Ben era hemofílico, es decir, su sangre no coagulaba normalmente, por eso cuando se caía y se hería, perdía tanta sangre que necesitaba una transfusión. Ben vivió en una época en la que no se tomaban suficientes precauciones para saber si los donantes tenían la sangre contaminada por el sida. Este triste acontecimiento nos hace pensar en el pecado que ha alcanzado a toda la humanidad.
Hace mucho tiempo Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén. Y desde entonces el pecado, al igual que una enfermedad hereditaria, se transmitió a todos los hombres, acarreando así la muerte. Todos mueren debido al pecado cometido por un solo hombre. Quizás usted acuse a Adán, diciendo: «¡Bah, ojalá no hubiese desobedecido a Dios!». Pero usted, ¿Nunca ha hecho algo que su conciencia condena? ¡Así que usted mismo es culpable!
Dios ofreció una solución para dar vida eterna a aquellos que están condenados a muerte, bajo la esclavitud de sus pecados. Esa solución es un regalo pagado muy caro por Jesús, quien aceptó ser castigado por los pecados de todos los que creen en él, y que de este modo son liberados. Dios es justo perdonando los pecados de aquellos que confían en la obra de Jesús
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PAN DIARIO
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