sábado, 26 de noviembre de 2011

Una Decisión de la que Uno No se Arrepentirá Jamás.




• No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. – Romanos 1:16.
• Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. – Filipenses 3:8.

El Evangelio compromete a quien lo acepta. No se trata de una adhesión superficial a una idea, sino de un trabajo interior del corazón y de la conciencia. Algunas personas no quieren saber nada del Evangelio porque precisamente perciben que es un poder que transforma la vida de quien lo recibe. Se dan cuenta de que no pueden aceptarlo a la ligera.
Pero nunca he conocido a alguien que se arrepienta de haber aceptado a Jesús como su Salvador personal. El apóstol Pablo sufrió mucho a causa de su fe. Fue perseguido, golpeado y encarcelado, sin embargo en ningún momento echó de menos la vida que había vivido antes de su conversión. Su relación con Dios y la paz que llenaba su corazón hacían que no envidiase a nadie. Incluso en la cárcel escribió: “Para mí el vivir es Cristo”. “Regocijaos en el Señor siempre”. “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 1:21; 4:4, 7).
Aún hoy el Evangelio es presentado a todos, no como si se tratase de un producto para probar, sino como un poder que libera y hace que la vida tenga sentido. “Hasta alcanzar todas las riquezas de pleno conocimiento a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Colosenses 2:2).

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Existe el Más Allá?




 Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. – 2 Corintios 4:18.
• Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. – Lucas 20:38.

Debajo de mi habitación de universitario, en el primer piso, había una profunda conmoción. Un estudiante acababa de suicidarse. Tres días más tarde asistí a su entierro, que fue una ceremonia civil. Un hombre pronunció algunas palabras, evocando sus estudios universitarios, y terminó con una pequeña frase brutal: «Cuando uno muere, todo se acaba». ¡Qué triste me sentí en el camino de regreso! Aunque era cristiano, estaba turbado y no podía estudiar.
¿Cómo demostrar el error de esa afirmación? Si uno tiene en cuenta sólo lo que se ve, es cierto que cuando la vida se detiene, todo se detiene. Pero, ¿No hay nada más allá de la vida visible? Afirmar esto sería decir sin ninguna razón sostenible que sólo existe lo que se ve. Sería ser como un ciego de nacimiento que negara la luz…
Es verdaderamente difícil negar la existencia del mundo invisible. Entonces, al aceptarlo, sólo se puede adoptar una actitud razonable: tenerla en cuenta. Para esto es necesario escuchar a Dios y buscar la revelación que él dio de sí mismo en la Biblia. Ésta revela a un Dios que no sólo existe, aunque sea invisible, sino que vive y obra. Es un Dios que ama y desea tenernos en su presencia por la eternidad pero estaremos separados de él para siempre si no escuchamos ni creemos el mensaje que nos da en la Biblia. Él nos invita una vez más a leerla.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Un llamado a la Angustia por ver lo de Dios desarrollándose en nosotros y a través nuestra

Que " casualidad " que desde el pasado se nos llame al " orden " de Dios , por ver lo de Dios en nosotros y a través nuestra. Dios siempre estuvo en-contra de la falsedad, la hipocresía, buscar lo nuestro y no lo de Dios. ¡ si ! alguien tenia que decir que lo que esta pasando en las " mal llamadas iglesias " no tiene nada que ver con el Dios bíblico, que Dios es soberano y no se casa con nadie y que es tiempo de imitar a los HOMBRES DE DIOS DEL PASADO.Leer Esdras capitulo 10:. Este hombre de Dios , viendo el pecado del pueblo de Dios, tomo la decisión que , solo a Dios le seria aceptable. Ante el pecado del pueblo lo único que nos queda
 es : ORAR, HACER CONFESIÓN DE PECADOS ,LLORAR Y POSTRARNOS DELANTE DE DIOS, EL PUEBLO SEGUIRÁ LOS MISMOS PASOS

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿La Bolsa o la Vida?



• ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? – Mateo 16:26



Todas las personas colocadas ante la elección de dar toda su fortuna o ser asesinadas preferían abandonar su dinero y conservar la vida. El tesoro más precioso de todo ser humano es sin duda su vida. Pero si existe la vida del cuerpo, también está la del alma, y Dios llama la atención de cada uno hacia una opción crucial: ¿Nuestra alma está perdida o salvada? De ello depende nuestro porvenir eterno.
En este campo es de temer que muchos hagan una mala elección. Con el título: «Un hijo del país que tuvo éxito», cierto diario regional reprodujo las palabras de un hombre sexagenario que había emigrado a América, donde hizo fortuna. Él especifica : «Mi éxito es exclusivamente financiero». No sabemos claramente lo que esto significa, pero podemos preguntarnos: ¿Quiere decir que su cartera rebosa, pero que su corazón está vacío? ¿Sus negocios lo habrán ocupado en detrimento de todo lo demás? ¿Se tomó el tiempo de pensar en su alma y en el estado de su relación con Dios, su creador?
El versículo del encabezamiento nos muestran la importancia de hacer una buena elección. Amontonar una fortuna no es una garantía para nuestro porvenir en la tierra, y menos aún un pasaporte para el cielo. Cuando debamos presentarnos ante Dios, nuestro dinero no tendrá ninguna importancia ni valor. ¡No nos perdamos lo más importante! Escojamos la vida eterna que Dios nos ofrece hoy mediante la fe en Jesucristo, su Hijo.

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“¿De Dónde Vienes?” (Jonás 1:8)



• Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación… Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. – 2 Corintios 5:19-20.

Esta pregunta sorprendió al profeta Jonás cuando dormía en el fondo del barco que debía conducirlo a Tarsis. Quizás él pensaba que allá, lejos de todo, podía escapar de la mirada de Dios, quien le había confiado una misión: Debía proclamar a Nínive esta advertencia: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). El Dios de misericordia quería advertir a los ninivitas antes de que el juicio cayera sobre esa ciudad impía. Deseaba producir arrepentimiento en ese pueblo para poder perdonarlo.
La mente egoísta de Jonás no quería admitir que el perdón fuera concedido a una ciudad enemiga. Rehusó ser el instrumento de la gracia para otros y decidió huir, pero no pudo escapar de la mirada de Dios. Para inducir a Jonás a arrepentirse, Dios se sirvió de unos marineros paganos que mostraron más compasión que el profeta.
En el camino de la vida, a veces hay huidas motivadas por el deseo de escapar de nuestra responsabilidad. Entonces la voz divina nos dice: –¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes?
El Señor coloca en el camino del creyente numerosas oportunidades para dar testimonio para él, quizás a personas de razas diferentes, refugiados o gente marginada. ¿Rehusaremos ser un instrumento en las manos de Dios para la salvación de estas personas? ¡No sigamos el camino de Jonás, sino digamos como Isaías: “Heme aquí, envíame a mí”! (Isaías 6:8).

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jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Por qué la Prueba?




• ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios.– Salmo 42:5.
• Dios estaba con él (José), y le libró de todas sus tribulaciones. – Hechos 7:9-10.

¿Has conocido tú las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?” (Job 37:16). Esta pregunta hecha a Job indudablemente sólo concernía a la esfera de la naturaleza, pero tiene para nosotros una aplicación espiritual: ¿Por qué hay tantas pruebas en nuestro camino? No lo entendemos con exactitud. Pero hay algo que está claro: esas pruebas forman parte de las obras maravillosas de Aquel cuya ciencia es infinita. Dios no se equivoca, ni cuando envía las nubes ni cuando las aleja. También podemos aplicarnos lo que Jesús dijo a Pedro con respecto a otro asunto: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:7).
La nube que llena nuestro corazón está cargada de agua, imagen de la bendición que Dios tiene en vista para nosotros a través de la prueba. “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra” (Isaías 55:10-11). En los días de prueba, leamos y meditemos aún más la Palabra de Dios.
Por más grande y poderoso que sea el hombre, no está en su poder ordenar el curso de las nubes. ¡Menos mal! Satanás tampoco podrá hacer nada sin el permiso divino. Obrará sólo dentro de los estrictos límites que Dios le asigne, como cuando le dijo: “He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él” (Job 1:12).