jueves, 3 de noviembre de 2011

La Pequeña Pantalla.



• No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. – 2 Corintios 4:18.



El término «pequeño» califica el tamaño de un objeto, pero también puede designar algo de poca importancia. Aunque es un objeto pequeño, ¿Qué lugar esencial ocupa la pequeña pantalla en nuestra sociedad? Pequeña, ¿Dice usted?, pero gigantesco en el impacto que ejerce hoy. Desde la infancia no se concibe más vivir sin televisión. Incluso los hogares más modestos no se imaginan arreglárselas sin ella. La pequeña pantalla capta la información de todo el mundo para cautivar al mundo entero. Diariamente y durante horas la pequeña pantalla acapara los ojos, los oídos y los pensamientos de millones de nuestros contemporáneos en el planeta.
Creyente o no, cada uno dará cuenta a Dios del empleo del tiempo que Él le otorgó. Sin duda queremos mirar sólo «buenas emisiones». No obstante, seamos bien conscientes de que además del tiempo que pasamos en mirarlas, ellas influyen en nuestros pensamientos.
Apaguemos nuestra TV y coloquémonos delante de Dios. Abramos su Palabra y dejémonos penetrar por sus pensamientos. Cristianos, vayamos a lo esencial. Tomémonos el tiempo para orar; no sólo unos minutos a la carrera, sino seriamente y con perseverancia, porque Dios escucha. Tal actitud tendrá consecuencias felices y eternas para nosotros.
¡Cuántas personas, absorbidas por la televisión, han entrado en la eternidad sin que la pequeña pantalla les haya dejado el tiempo de pensar en su eterno porvenir!
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miércoles, 2 de noviembre de 2011

En la Cruz: el Hombre y Jesús.



 Me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies.Salmo 22:16.
Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.Lucas 23:34
Al pie de la cruz de Jesús se ve al hombre al natural jugando un papel abominable, y esto en las más variadas condiciones sociales: judío o extranjero, bárbaro o civilizado, pobre o rico, laico o religioso.
Pilato, el magistrado romano que ocupó la sede de la autoridad civil, responsable de ejercer la justicia, había condenado a aquel a quien había reconocido como “justo”. Los juristas y el clero judío buscaron testimonios falsos contra Jesús. Pidieron que un homicida fuese soltado y Jesús condenado. La multitud, a la que solamente le había hecho bien, pidió que lo crucificasen. Los transeúntes le injuriaban. Los discípulos que habían estado tan cerca de él abandonaron cobardemente a su Maestro a la hora del peligro.
En medio de esta indignidad humana, se oyó a Jesús orar: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. En su “amor eterno” invocó para sus enemigos la circunstancia atenuante de la ignorancia. Y sin embargo, ¿No obró cada uno con conocimiento de causa? ¡Qué nobleza y qué dignidad de parte de nuestro Salvador!
Durante tres horas, abandonado por Dios, colgado en la cruz con indescriptibles sufrimientos, Cristo, el santo y puro, aceptó ser identificado con el pecado para salvarnos, sufriendo de parte de Dios el castigo que usted y yo merecíamos (Léase Hechos 4:26-28). “Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y… matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos” (Hechos 3:14-15).

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lunes, 31 de octubre de 2011

El Amor Nunca Deja de Ser.



El amor nunca deja de ser.1 Corintios 13:8.
Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.1 Juan 4:16.
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. – Cantar de los Cantares 8:7.

Durante el otoño las hojas se marchitan, caen y perecen. Esto nos habla de la fragilidad de la vida en esta tierra, pero el amor que viene de Dios nunca deja de ser. No tiene fin, es eterno. Antes del principio del tiempo el amor existía, porque Dios es amor. Se manifestó plenamente en Jesús. A su vez, el cristiano puede amar con ese amor que viene de Dios y que nunca se acaba.
El amor nunca deja de ser, pero no siempre parece alcanzar su meta, por lo menos en esta tierra. No es una llave mágica que haga caer todas las barreras del odio y de la maldad. Jesús era el amor divino encarnado, sin embargo no ganó para Dios a todos aquellos a quienes encontró. Pero nunca se dejó sumergir por el mal, por la violencia y el odio. La victoria del amor fue lograda en la cruz de Jesús; y la prueba de ello es su resurrección. Cristianos, Dios quiere darnos esta victoria, aun cuando humanamente todo parezca perdido.
Quizás usted diga: «¡Basta! Ya he dado bastante. ¡No aguanto más!». Entonces piense en Jesús, quien amó a los suyos hasta el fin (Juan 13:1), es decir, hasta la cruz. Hoy, en su servicio en la presencia de Dios, sigue ocupándose de ellos con amor. Al igual que él, y con su ayuda, no nos cansemos de amar hasta el fin, es decir, siempre y cada día. El amor divino tendrá la última palabra.

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domingo, 30 de octubre de 2011

La Perfección del Amor.



El amor… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.1 Corintios 13:7.
Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos.2 Timoteo 2:10.

El amor todo lo sufre. Nunca disculpa el mal; sin embargo no rechaza a aquel que lo comete, sino que lo advierte. Ayuda a llevar la carga de los que sufren, siente el dolor de aquellos a quienes ama, y aun está dispuesto a soportar las consecuencias de las faltas de ellos.
El amor todo lo cree. No es cínico. El odio cree lo peor, pero el amor cree lo mejor. Cree que el mal será confesado y perdonado, y que quien lo cometió se arrepentirá y volverá a Dios. Cuando alguien obra mal, el deseo del amor siempre es ayudarle a levantarse.
El amor todo lo espera. Es capaz de ello porque pone su confianza en el Dios vivo, quien hace milagros. Un hermoso ejemplo de tal amor es el de los padres cristianos que siempre tienen la esperanza de que su hijo extraviado se vuelva a Dios. Esperan y oran, porque aman a su hijo.
El amor todo lo soporta. El verbo empleado en griego designa en particular la manera en que una tropa de soldados mantiene una posición vital a toda costa y hasta el final. El amor aguanta por aquellos a quienes ama. Se mantiene firme a pesar de la oposición, sin cansarse de creer o esperar. ¿Dónde halla tal fuerza? En Jesús, quien todo lo soportó: la contradicción, la soledad, el odio, el sufrimiento extremo, el abandono de Dios. Ahora él está junto a Dios, lejos del mal, pero permanece cerca de los que creen en él, quienes a su vez pueden soportarlo todo gracias a la fuerza que viene de él. [continuará...]
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jueves, 27 de octubre de 2011

La Humildad del Amor.




El amor no es jactancioso, no se envanece.1 Corintios 13:4.
Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos.Proverbios 27:2.

William Carey fue un brillante lingüista y un fiel cristiano. Tradujo partes de la Biblia a 34 idiomas y dialectos diferentes. En su juventud, Carey había trabajado como zapatero. Cierta noche, en una gran cena, alguien le dijo: –Señor Carey, me han dicho que usted trabajó haciendo zapatos. –No, respondió Carey, yo no los hacía; sólo sabía repararlos.
Rectitud y humildad, sin complejo de inferioridad, ayudan a darse cuenta de los propios límites y a reconocer sus debilidades. Es el primer paso en el camino de una verdadera humildad. El segundo paso va más allá, pues para el cristiano la humildad es el profundo deseo de que en nuestra vida Dios tenga el lugar que le corresponde, es decir, el primero. En este sentido está muy cerca de la adoración.
El amor de Dios en la vida de un creyente se manifiesta por la humildad y el olvido de sí mismo. El amor no se vanagloria, no se envanece por sus éxitos, no se enorgullece, no piensa en sí mismo, no se compara con otros, sino que se pone al servicio de ellos. El secreto de la humildad es estar ocupado del Señor Jesús y buscar sus intereses. Un creyente acostumbraba a orar: «Señor, dame la fuerza para hablar de ti, cada vez que tenga la oportunidad de escoger el tema de la conversación». Durante toda su vida Jesucristo mostró lo que es la verdadera humildad. Sigamos su ejemplo. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5). [continuará...]

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martes, 25 de octubre de 2011

La Paciencia del Amor.



El amor es sufrido.1 Corintios 13:4.
El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal… sirviendo al Señor.Romanos 12:9-11.

El capítulo 13 de la primera epístola a los corintios es quizás uno de los textos más conocidos del Nuevo Testamento, pero también uno de los más difíciles de poner en práctica. Ofrece un cuadro completo del amor según Dios, que vemos brillar como un prisma con diferentes facetas: la paciencia, la humildad, la bondad. Para describir estas cualidades el texto griego sólo utiliza verbos de acción. Así muestra que el amor es ante todo activo.
Por cierto, este amor divino no es natural en el hombre. Para poder expresarlo es necesario haber recibido, por medio de la fe, una nueva vida, la vida misma de Jesús. Cuando leemos esta descripción del amor, descubrimos a Jesús. Él lo vivió perfectamente en todos sus aspectos, de modo que ese maravilloso retrato del amor, de hecho, es el suyo.
La primera faceta del amor es la paciencia. El amor soporta el sufrimiento y los malos tratos sin enojarse ni vengarse, y sin perder la esperanza. En la Antigüedad, renunciar a la venganza era considerado como una debilidad, y esto es aún cierto hoy día. El mundo admira a aquellos que saben defender sus derechos y sus intereses. Pero el amor tan magníficamente visto en Jesucristo es lo opuesto. Su primera preocupación es el bien de los demás, no el suyo. Rehúsa devolver mal por mal, y si se le hiere en la mejilla derecha, él vuelve también la otra (Mateo 5:39).

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